El 16 de febrero de 1993 fue incendiada una casa en Medellín, tras casi veinte años de permanecer el predio abandonado, tuve la oportunidad de recorrer lo que queda de la casa cubierta de maleza, recolecté fragmentos de platos, vasijas, botellas, floreros. Mi intención era reconstruir los artefactos a partir de los fragmentos recolectados, a la manera de un arqueólogo, quería dar cuenta de la vida que habitó el lugar.

El ajuar doméstico es un grupo diverso de enseres, la mayoría de los cuales indican un uso “familiar”, cotidiano. La idea de que estos estaban en una casa privada, tratados como posesiones personales, y que se utilizaron de acuerdo con su empleo original, contrasta con la eliminación inevitable de su uso, ya que se convierten en objetos de exhibición, sin embargo, siguen evidenciando sus cualidades iniciales. Los artefactos y las identidades están vinculados aquí por el hecho de que se preservó inconscientemente una memoria del lugar, permitida por el abandono. Estos utensilios han cambiado su identidad varias veces: piezas utilitarias o decorativas, memoria física de la pérdida de un lugar, tumba, escombros y recreación para volver a sus orígenes.

El proyecto se construye a partir de una serie de ideas: la facilidad de destrucción en comparación con el proceso laborioso y largo del hacer; la relación entre identidad y objeto, en particular la idea de que la identidad puede sobrevivir al objeto; la desesperación por la pérdida, la necesidad de pertenecer.

Al intentar reconstruir algunos de los fragmentos encontrados propongo crear una serie de objetos híbridos que posean puntos de atención de lo verdadero dentro de un marco de mentiras; a la manera de un arqueólogo con sus documentos, me interesa dar cuenta de la vida que habitó el lugar a partir de la especulación y la reelaboración.